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Hace poco leí una reflexión de Ernesto Sábato que criticaba la concepción moderna que tenemos del sistema educativo, cuando éste se halla basado en la “Libre Iniciativa”, aludiendo a que pensamos que un niño con Libre Iniciativa, por Ej., debería poder tocar el piano como quisiera, pero que habría que quitarle un cuchillo de la mano si se propone matar al hermano. Entonces, Sábato reflexiona que nosotros no facilitaríamos que matara a otro (libre iniciativa) pero sí que tocara el piano como desea (libre iniciativa) con lo cual, pareciera que el niño GOZA de la Libre Iniciativa, excepto cuando no GOZA de la Libre Iniciativa. Lo que probablemente no cambia en nada la antigua educación a la moderna: el niño es libre siempre y cuando le dejemos serlo, según nuestra idea de lo permitido y lo no permitido. Tome esta reflexión porque parece ser asi la cuestión de la Delegación: Un superior le permite al colaborador que sea autónomo en aquello que “ya sabía” de antemano lo que éste podía hacer, (y de hecho lo contratamos en función de ello); con lo cual hace aquello que es acordado, y por ello mismo permitido, pero no le dejamos hacer aquello otro que PODRIA LLEGAR A HACER, “porque no es permitido, dependiendo de las creencias de tengamos, de las políticas empresariales, de la propia capacidad de liderazgo, de la capacidad de soportar los errores, de lo controladora o no que sea como persona, de la propia tolerancia a la presión, etc.” Con lo cual hay delegación, excepto cuando justamente debería haberla. Luego los jefes se quejan que los colaboradores “solo hacen aquello para lo cual fueron contratados y nada mas”. Si no hay Delegación, ¿Qué es lo hay entonces?, porque convengamos que algo se hace. Podemos decir que hay en un cumplimiento de aquello que acordamos que haría, hay un respeto a aquello que sabemos que el otro sabe hacer, quizás haya un reparto de tareas en el sector en función de la especialidad, incluso podemos pensar que hay una distribución de Funciones que resulta correcta, pero Delegación, no hay. Eso nos lleva a otro plano de reflexión, que nos remite a aquello que entendemos en el mundo empresario por Delegación, y a su utilidad, primero para nosotros como jefes, y para la empresa -en su conjunto- después. ¿Para que sirve que Deleguemos? Algunas ideas van desde el tener colaboradores comprometidos, mejorar la calidad en el sector, que la gente se encuentre mas involucrada en las tareas, que las personas estén satisfechas porque sienten que sus opiniones son valoradas y consideradas, tener mejores opiniones a la hora de resolver problemas, hasta el poder irme -como jefe- de vacaciones sin tener ruido en otros sectores porque el que queda en mi lugar, puede resolver hasta “ahí”, esperando, por supuesto, a que yo regrese… No vamos a desmerecer esta diversidad de beneficios, pero a mi juicio, el objeto de la Delegación no se cumple, es mas, haciendo una sencilla DISTRIBUCION DE TAREAS, conseguimos lo mismo. Pero, lo que sólo se logra instrumentando un correcto proceso de delegación, es el aprendizaje del Colaborador, que nos permite como jefes, aspirar a seguir creciendo en la empresa en la que estamos, o en otra. Es decir: El colaborador aprendió a ser un buen resolvedor de problemas y un buen decisor, con lo cual, es más probable que ante nuevas posibilidades de crecimiento, yo como jefe, pueda acceder a ellas, porque forme una persona que puede quedar a cargo, si yo dejo el sector para ir a otro lugar. Gracias a que implemente un buen proceso de Delegación, he dejado de ser un “preso de mi propio cargo”. Para que ello ocurra, quizás, debamos empezar por permitir que “el otro haga aquello que puede llegar a hacer y a tratarlo como aquello que puede llegar a ser”, asumiendo los errores de modo conjunto, tolerando ambos la presión y la frustración, asumiendo como Jefe el costo de que aprenda lo nuevo -y se equivoque-, enfrentando creencias arraigadas y asumiendo un rol de “Líder coach” que la empresa moderna, hoy exige ser. Lic. Nilda Avellaneda |